Resumen de orden

22

Apr

Texto curatorial del Dr. Alban Martinez Gueyraud - La piel: el cuerpo del arte

La piel: el cuerpo del arte

Arte indígena, popular y urbano en Paraguay

 

«Lo más profundo que hay en el hombre, como él sabe, es la piel».

Paul Valéry. La idea fija (1931).

 

«En fin, se comprenderá que el cuadro (tela, tejido) no es una superficie, como no lo son el color, la piel o ese principio “laminado” de lo visible [...] El cuadro es en sí mismo una estructura del pliegue, del intersticio».
Georges Didi-Huberman. La pintura encarnada (1984).

 

 

La Galería Matices (Asunción) presenta la exposición La piel: el cuerpo del arte. Esta muestra, bajo la curaduría de Alban Martínez Gueyraud y Osvaldo Salerno, pone en diálogo diversas creaciones realizadas en Paraguay entre 2015 y 2022, plasmadas en diferentes lenguajes y contextos: arte indígena, arte popular, arquitectura y arte urbano de raíz ilustrada. Las obras presentadas fueron seleccionadas tomando como punto de partida el concepto de “piel”, así como las metáforas, las analogías, los signos y los símbolos que del mismo se desprenden.

 

La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano; es el medio que pone en contacto el adentro con el afuera. Esta membrana-textura retiene, protege, comunica, repele, siente y regulariza tanto el equilibrio del organismo como la conexión configurada entre sus diferentes sistemas. En cuanto umbral de las sensaciones funciona como termorreguladora de las temperaturas corporales en correspondencia con las del mundo. La piel puede percibir una caricia, estremecerse, dolerse, amoratarse. Actúa igualmente como frontera rebosada de sensibilidad; filtra relaciones y transmite mensajes encarnando un representativo espacio simbólico desde el cual se construye/reconstruye la memoria y la identidad del sujeto con su contexto.

 

A partir de la piel, esta exposición colectiva explora nuestra diversidad cultural y étnica. Planteada abierta, plural y contemporáneamente, permite indagar en las particularidades de las propuestas, al mismo tiempo que impulsa a mirar más allá del objeto artístico. Vinculada con el cuerpo del arte y la arquitectura y considerada “en escena” en cuanto ocupa un espacio significativo en el mundo, cada obra convoca a una mirada desde perspectivas diversas, lo que le permite conectarse, comunicarse y corresponderse con las demás obras que integran la presentación.

 

El espacio expositivo se halla estructurado sobre la base de tres ejes temáticos: Cuerpo, Membrana, Metáforas.  Estos ejes conversan, se entrecruzan y, por momentos, se acoplan. Al ampliar e intercambiar las relaciones, se promueve al sesgo que dicho espacio actúe, en cuanto territorio, de manera expandida. Vale decir, que a la vez nos habite y sea habitado.

 

 

 

 

CUERPO

«Para nombrarse, para afirmarse, el hombre se autoseñala. Recalca su cuerpo, lo remoldea utilizando líneas y puntos clave, subrayando aspectos invisibles. El cuerpo es la sede de la identidad primera; la identidad del individuo, del clan o del grupo; la del género humano todo que reinventa su contorno para poder ocupar un sitio en el propio mundo. El cuerpo es el lugar del rito, la escena misma donde comienza y termina el tiempo sin tiempo. Por eso, el indígena usa el soporte privilegiado de su expresión cultural: lo pinta y lo tatúa; lo cubre de plumas, collares, abalorios, pieles impresionantes y tejidos hermosos; lo encubre y lo sustrae; lo desprende del mundo natural y lo reintegra, diferente; en él concilia lo individual y lo social, lo biológico y lo cultural, lo ético y lo bello».

Ticio Escobar. La belleza de los otros (2012, 2ª ed.).

 

«El encarnado sería, por tanto, otro fantasma, el colorido en acto y en tránsito. Una trenza entre la superficie y la profundidad corporales, una trenza de blanco y de sangre».

                Georges Didi-Huberman. La pintura encarnada (1984).

 

 

 

La piel es metonimia del cuerpo, al que envuelve constituyéndose en frontera y punto de contacto entre la vida interior y la exterior. La vida se guarece tras la piel, que la defiende del exterior. En su espesor se produce un tránsito y un cambio de características conforme recorremos-devenimos. Las células internas son órganos vitales; están vivas en el interior del cuerpo; por su parte, las células externas podrían estar vivas-muertas, puesto que son ya del exterior: el mundo. La naturaleza de la piel es tal que existe simultáneamente como órgano muerto y órgano vivo; por eso conforma a un tiempo el afuera y el adentro del cuerpo.

 

El cuerpo –revestido de piel– ocupa un lugar preponderante en el arte contemporáneo (al igual que en otras disciplinas como la antropología, la sociología o la arquitectura); es tanto sede de representación simbólica y construcción cultural como ámbito de percepción y acción, experiencia y reflexión.

 

Por un lado, en este eje se han convocado unas obras en las que el cuerpo (del ser humano como del animal) actúa como objeto y modelo de inspiración, y otras en las que él se encuentra dentro de experiencias comunitarias, inmerso en el universo simbólico de las imágenes en que interviene como mediador de procesos sociales, económicos, ambientales, culturales, lingüísticos, religiosos. Por otro lado, considerando el discurso de Didi-Huberman en La pintura encarnada, el cual logra “trenzar” los términos de lienzo-superficie-piel y pintura-cuerpo, podemos relacionar tales conceptos con el planteamiento de otras obras reunidas en este eje de la muestra, en las que se articulan las ideas de carne y piel pictórica, la visualidad del cuadro humanizado y la intemperancia de determinadas pinturas.

 

Participan de este eje piezas de la cerámica antropozoomorfa de Ediltrudis Noguera (Tobatí); tallas en madera de palosanto de Francisco, Ignacio y Agustino Artur (comunidad nivaklé, Chaco paraguayo); pinturas de Alfonso Benítez (nivaklé) que parten de paisajes en torno al río Pilcomayo (comunidad Fischat – Laguna Escalante); dibujos de Osvaldo Pitoé (guaraní) referentes a escenas de la vida colectiva chaqueña; cuerpos tatuados fotografiados por Alfredo Quiróz (Asunción); y pinturas de Anna Scavone (Asunción) que tienen como temática órganos y estructuras internas corporales.

 

MEMBRANA

 

«La piel dispone de una energía potencial vital propiamente superficial. Y así como los acontecimientos no ocupan la superficie, sino que aparecen en ella, la energía superficial no está localizada en la superficie, sino ligada a su formación y reformación».

Gilles Deleuze. Lógica del sentido (1988).

 

«Si, como decía McLuhan, ambas, la indumentaria y la arquitectura, son extensiones de nuestra piel, ya que funcionan como un mecanismo de control de energía contra el mundo exterior, su función como membrana sería ciertamente muy importante [...] La arquitectura no debería ser un muro grueso y rígido, sino una epidermis flexible, como nuestra piel, que nos permita intercambiar información con el mundo exterior. La arquitectura configurada con esta membrana quizá debería llamarse “traje de los medios”. La arquitectura es una extensión de la indumentaria y, por lo tanto, un traje de los medios».

Toyo Ito. Tarzanes en el bosque de los medios (1997).

 

La piel es una compleja membrana que separa mundos. Pero esta piel no solo depende del interior; el exterior también la conforma, la modela y le deja huellas. Esta pertenencia simultánea a dos mundos diferentes, intrínseca a toda frontera, le da forma y carácter. La piel contiene y detiene; por lo tanto, recibe y soporta, se marca y se expresa en su textura.

Tras los pliegues y atavíos de la piel existe otro elemento que nos contiene: nuestra “segunda piel”. Podemos pensar que la vestimenta, el ambiente, el hecho arquitectónico, la ciudad, son una suerte de sucesión de membranas que el ser humano toma o diseña a su medida, dentro de sus contingencias de elección; esta sucesión termina por conformar parte de nuestro mundo. Como ocurre en el arte y en la arquitectura, aquello que está del otro lado de la membrana pasa a ser tan significativo como lo que queda de este lado.

En este contexto, la cualidad de membrana como sistema tegumentario puede ser leída de manera analógica en ciertas obras aquí presentes: los tejidos de caraguatá chaqueños (manjui, nivaklé y ayoreo), la cestería y los entramados de fibras de la comunidad mbya guaraní (Caaguazú), los instrumentos musicales de Delfín Penayo (mbya guaraní); la pieza objetual de Carlo Spatuzza (Asunción), conformada por una fibra orgánica animal (colada e impermeabilizada).

Mientras, diferentes marcas de (y en) la piel se perciben en las impresiones de cuerpos reales, de Osvaldo Salerno (Asunción); las impresiones de cuero, de Carlo Spatuzza (Asunción); las impresiones de cortezas de árboles vivos, de Marcos Benítez (Asunción). También se distinguen huellas y señales exteriores en las esgrafías de las cerámicas de la serie Scarificatio, de Jorge Enciso (Asunción); en las esculturas en madera pirograbada, de Emilio Duarte y Vicente Piragi (aché, Ypetemí – Caazapá) y en las de Emiliano Tãkuangi y Felipe Krajadagi (aché, Puerto Barra – Naranjal). Igualmente, recordando las palabras de Toyo Ito, se suman imágenes de ciertas obras de arquitectura realizadas por José Cubilla (Asunción).

 

 

 

 

METÁFORAS

«Así como los huesos, los músculos, las entrañas y los vasos sanguíneos están cubiertos con una piel que hace soportable el aspecto del hombre, del mismo modo las emociones y las pasiones del alma están envueltas en la vanidad, piel del alma».

Friedrich Nietzsche. Humano, demasiado humano (1878).

 

En todas las culturas y a lo largo de la historia, existen muchas asociaciones posibles a partir de la piel y su simbolismo. Como órgano conector entre el sujeto y el mundo, la piel sugiere una multiplicidad de estrategias de adaptación e intercambio entre un cuerpo y un contexto, ambos siempre cambiantes. Nuestra relación con el mundo es, por tanto, mediante la piel y sus zonas especializadas: las que recubren las estructuras anexas, los orificios corporales y las relacionadas con los sentidos.

Asimismo, la piel, en cuanto reflejo de salud física y mental, es transmisora de emociones positivas como negativas. Exteriorizamos nuestro estado emocional-anímico por medio de la piel: nos sonrojamos, palidecemos, sentimos escalofrío, emanamos feromonas, nuestros pelos se erizan. En ocasiones la tomamos como referencia para indicar conexión (“cuestión de piel”) o empatía (“ponerse en la piel del otro”). Podemos presuponer que nuestra mente imagina el mundo a partir del relato transmitido por la piel y que establecemos contacto con el mundo mediante los datos por ella facilitados.

En comunidades indígenas, pieles y plumas de animales son utilizadas en el contexto simbólico de diferentes ceremonias, vivencias y rituales ligados a la cultura. Por ejemplo, en la cultura ayoreo una corona ayoi (hecha de piel de felino) significa para el cazador-guerrero que la porta el acceso al conocimiento instintivo y a los poderes del animal, además del reconocimiento a su valentía. En este contexto, en La belleza de los otros Ticio Escobar sostiene que las formas y expresiones de la cultura indígena están incorporadas al orden socioétnico y consolidan las principales funciones religiosas, sociales y económicas.

Así, las metáforas surgidas de ciertas particularidades de la piel y proyectadas en rituales y expresiones artísticas y lingüísticas, devienen imágenes (táctiles, visuales) posibles de ser traducidas en mensajes abiertos a asociaciones conceptuales e interpretaciones diferentes según el contexto, los códigos culturales y la mirada proyectada sobre los mismos.

En este eje se presentan cerámicas de Julia Isídrez (Itá); pinturas (a lápices de colores y rotuladores) de Ogwa (†) y dibujos a bolígrafo de Fredy Flores, Deisy Falcón, Doriana Falcón, Guillermina Rodas y Clemente Juliuz (†) (Chaco paraguayo); fotografías de la serie Arete Guazu de Javier Medina Verdolini (Asunción). Presente también la corona ayoi en piel de felino y plumas de aves (ayoreo).

 

Alban Martínez Gueyraud

Asunción, abril 2022.

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